jueves 18 de junio de 2009

CARTA ABIERTA A LOS VOLUNTARIOS DE GREENPEACE por Juan Grabois


“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, Voltaire.

“El infierno está empedrado de buenas intenciones.”
San Agustín



En primer lugar quería transmitirle de parte de los cartoneros y militantes del MTE nuestra más absoluta solidaridad frente al juicio que se inicia la semana próxima. Nosotros que sufrimos en carne propia persecuciones y represión por luchar por una sociedad sin esclavos ni excluidos, rechazamos cualquier cercenamiento a la libertad de expresión o protesta. Nosotros, pese a que detestamos la hipócrita, xenófoba y vergonzosa posición de Greenpeace en relación a la gestión de residuos en la Ciudad, solicitamos públicamente a la jueza Patricia López Vergara que se abstenga de aplicar penas privativas de la libertad a los voluntarios.

Lamentablemente, los dirigentes de Greenpeace no tuvieron la misma actitud en las reiteradas ocasiones en que cartoneros fueron apaleados salvajemente y apresados por la policía y el Gobierno de la Ciudad. Lamentablemente, los dirigentes de Greenpeace han rehuido el debate con las organizaciones de cartoneros y los que creemos que no puede escindirse la problemática ambiental de la lucha por la justicia social, acallando con su abultado presupuesto la voz de los humildes. Lamentablemente, los dirigentes de Greenpeace han utilizado su poder mediático para engañar a la opinión pública e invisibilizar el enorme trabajo de los cartoneros en pos de la reducción del enterramiento en rellenos sanitarios.

Jóvenes activistas, no se dejen engañar: intereses espurios se están aprovechando de sus buenas intenciones. Greenpeace y sus dirigentes bien remunerados no pelean por la implementación de la Ley Basura Cero; hacen lobby[1] a favor de las empresas trasnacionales de recolección de residuos. No pelean por la reducción del enterramiento sino por imponer una metodología de recolección diferenciada importada que excluye a los cartoneros y les entrega el servicio a sus amigos empresarios. No luchan por un ideal sino por imponer una determinada visión excluyente y defender determinados intereses privilegiado.
Nosotros también peleamos por determinados intereses, pero a diferencia de Greenpeace, los nuestros son explícitos: peleamos por la integración social de los trabajadores cartoneros. Creemos asimismo, y podemos demostrarlo, que el trabajo de los cartoneros es el mejor sistema para alcanzar las metas de la Ley Basura Cero.

Maria Eugenia Testa –que a diferencia de ustedes no pone el cuerpo pero cobra un jugoso sueldo por su conciencia ambiental- no pierde oportunidad de afirmar que lo que Greenpeace reclama es la inclusión de la recolección diferenciada en los pliegos (contratos) entre el Gobierno y las empresas. Es decir, descarta la posibilidad de que este servicio público sea estatal o esté en manos de cooperativas de cartoneros: ¡¿en que manual de ambientalismo neo-malthusiano leyeron que las empresas privadas eran más ecológicas que el Estado o las Cooperativas?!

El dilema se resume en estos términos: se puede implementar un mejor servicio en manos del Estado con participación de los cartoneros, pero Greenpeace hace lobby para que el contrato se lo den a las empresas que desde el 2005 vienen robando millones con el servicio de recolección diferenciada.

Como ustedes saben, en el pasado los gerentes de Greenpeace utilizaron a diversas cooperativas de recuperadores urbanos para realizar propaganda, elogiando su trabajo en pos de la reducción del enterramiento. Los cartoneros creyeron en ellos pero a la hora de discutir los contratos, traicionando su posición anterior, Greenpeace declaró que el trabajo de los recuperadores urbanos era “marginal”[1] y que debía ser eliminado o confinado a los centros de selección (adoptando la postura original del macrismo antes que la lucha de los cartoneros lograra revertirla al menos parcialmente).

Sin embargo, existen 5000 seres humanos que cuando sale la luna –mientras Cali y Testa disfrutan sus remuneraciones ejecutivas en la noche porteña- caminan las calles de la Ciudad levantando residuos reciclables para comercializarlos y alimentar a sus familias. No serán ballenas, no serán pandas, no serán pingüinos, no serán la mejor imagen publicitaria para las campañas de recaudación de fondos dirigidas a la clase media, pero ¿no son también seres vivos que tienen derechos, merecen cuidado, respeto y solidaridad? ¿O estos beneficios quedan circunscriptos al catalogo de especies protegidas por Greenpeace?

Asimismo, para poder justificar su posición pro-empresaria, ocultan dos hechos relevantes:

A partir de la ley basura cero, se firmaron contratos millonarios para realizar la recolección diferenciada con las empresas privadas tal como quería Greenpeace.

Cantidad reciclada: 812 toneladas recicladas en cuatro años, es decir 1,7 TN por dia.
Costo: 115.600.000 de pesos.


Es decir ¡ante el silencio cómplice de Greenpeace, las empresas NO RECICLABAN pero SI COBRABAN!



Los cartoneros, desde el 2002, recolectan casi 600tn[1] de residuos reciclables por día, es decir, 300 veces mas de los que recolectaron las empresas de higiene urbana en el mismo periodo. A esto se suman unas 50 TN diarias del circuito de grandes generadores implementado en los últimos 8 meses.


Mientras el “circuito marginal” cartonero recicla el 12% de la basura generada en la Ciudad, el carísimo sistema privado formal no llega al 0,05% (periodo 2005-2008). ¡Y Greenpeace en vez de anular el segundo, quiere excluir a los cartoneros! Porque existen dos sistemas: uno privado, con buen marketing y empresarios ricos pero que no sirve para reducir el enterramiento… otro informal, sin glamour, sin recursos, pero que ha demostrado una eficacia superlativa en materia de reciclado.


Nosotros apostamos por formalizar el segundo de los sistemas, habida cuenta que esto representa la vida, los sueños, la dignidad de 5000 familias cartoneros que trabajan en la Ciudad de Buenos Aires. Estamos convencidos que la recolección diferenciada en manos de los cartoneros es un sistema superador en materia ambiental, razonable y socialmente inclusivo, y hasta ahora los hechos nos dan la razón.

Gracias a la lucha de los cartoneros, a través de los programas de inclusión social que conquistamos, hemos logrado avanzar algunos pasos por este camino:

· Casi 200 niños menores de 14 años dejaron de trabajar en el cartoneo junto a sus padres.

· Unos 1800 cartoneros de zona sur dejaron de viajar colgados en camiones destartalados encima de los bolsones de papel. Ahora viajan en colectivo y el material en un camión adecuado a la normativa de transito.

· Unos 1000 cartoneros del ex tren Blanco transportan sus materiales en camiones (fletes) hasta destino mientras viajan en normalmente en el tren.

· Unos 1800 cartoneros reciben un complemento en sus ingresos de 370 pesos mensuales, lo que les permite superar la línea de indigencia.

· Unos 1600 están tramitando el monotributo social ante el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación lo que les permitirá acceder a obra social, jubilación y una asignación familiar de 45 pesos por hijo mientras unos 200 ya cuentan con el monotributo normal.

· Unos 2000 cartoneros recibieron uniforme de trabajo y elementos de higiene/seguridad laboral.

· El servicio de recolección en grandes generadores que desarrollan las cooperativas de cartoneros desde hace unos meses recupera 1000tn mensuales de material reciclable.


Estas conquistas –que aun no cumplen ni el 40% de nuestros reclamos y falta que se incorporen al menos 3000 compañeros- no son un regalo de un político, un partido o un Gobierno, es el producto de una larguísima lucha por la justicia social y la integración de los sectores excluidos. Conquistas que son reconocidas y valoradas por diversos actores desde organizaciones piqueteras hasta la Iglesia Católica, desde la CTA hasta la Federación de Obreros Papeleros, desde Vilma Ripoll hasta Emilio Persico, desde la Fundación Che Pibe hasta la Fundación Alameda. ¿Por qué les molesta tanto estas conquistas a Greenpeace?

Los fondos para financiar este programa provienen de la recuperación de partidas que antes se destinaban a la millonaria estafa del anterior sistema privado de recolección diferenciada, estafa que no denunció ni Greenpeace ni el Gobierno, le denunciaron los cartoneros y sus organizaciones[1].

Reciban un abrazo fraterno, abran los ojos y debatamos estos temas abiertamente lejos del fanatismo interesado de dirigentes xenófobos a sueldo; los activistas y militantes comprometidos con la justicia social y los derechos ambientales tenemos la obligación de no convertirnos en un “ejercito de boludos que juntan la latita para reciclar” como dicen las Manos de Filipi, mucho menos al servicio de politiqueros, mercenarios, mentirosos y empresarios corruptos.

Mucha suerte en el juicio, reciban nuestra más absoluta solidaridad y no olviden que:

Con excluidos no hay “Basura 0”
sin cartoneros no hay “Basura 0”…

”Basura 0” SI,
“Exclusión 0” TAMBIEN.


Juan Grabois
Militante (no rentado) del MTE


[2] Punto 4 del Comunicado Publico del 7/7/08 de Greenpeace Argentina.

[3] Felix Carbonari, ex empleado del Gobierno de la Ciudad y actual encargado de la campaña de residuos de Greenpeace, reconoce en su INFORME SOBRE EL CIRCUITO DEL RECICLADO EN LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES DE 2006, que los cartoneros recuperan 585 tn/dia mientras que la “recolección formal” solo 6 tn/dia. Posteriores informes demostrarían que el volumen de recolección formal era aún menor.

[4] http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-107146-2008-07-03.html


lunes 8 de junio de 2009

25 de junio, posible movilización de la derecha


Compañeras y compañeros:Hoy hemos recibido un correo de la compañera Mariana Fernandez dondese detalla un convocatoria posible de las fuerzas reaccionarias delpaís en contra del gobierno democrático de Cristina Kirchner:




Más alla si esta potencial movilización es real o no debemos estaralerta para ganar las calles y contrarrestar a la rección. Que cadagrupo de militantes este preparado y atento a los posibles episodios.No nos sugestionemos ni entremos en falsas paranoias, pero estemos enalerta.

miércoles 3 de junio de 2009

DESNUDA por Roque Dalton

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a la sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

lunes 1 de junio de 2009

ELOGIO DEL BUEN LECTOR por Flavio Crescenzi

Foto: Flavio Crescenzi

El lector, aquella entidad fantasmagórica, a menudo idealizada, a menudo provocada o inquerida, ha sufrido una perdida significativa de sus facultades decodifi-cadoras.Me arriesgaría ha situar los inicios de este fenómeno, si bien con antecedentes fácilmente detectables, en la posmodernidad, entendiendo por posmodernidad, al menos en lo concerniente a nuestros intereses, a la era de la industria cultural o cultura de masas.


En la modernidad se esperaba de la figura del lector un compromiso que asegurara la dinámica de intercambio de sentidos que dimanaran del texto, es decir, que el lector finalizara el proyecto de obra participando intensamente en lo que a lo semántico respecta. Tratándose de poesía, esta relación se potenciaría debido a las características propias del discurso poético. Este es, en sí mismo, un discurso que transmite de sujeto a sujeto, no meras informaciones, sino, en mayor medida, una visión de mundo supeditada a patrones estéticos: Nos alejamos del dominio de las transacciones intelectuales para aproximarnos al de la evocación o invocación, donde el lenguaje es ritual, arquetípico. El lenguaje poético es entonces el signo devenido en forma y su expresión, la imagen y el ritmo. Ya en épocas en las que el lector se podía jactar de activo (en el sentido «Cortazariano» del término) la poesía suponía un desafío muchísimo mayor que el que deparaban otros géneros; en nuestros días, el lector de poesías es una especie en vías de extinción.


Seguramente las estadísticas sostendrán que, en la actualidad, hay más lectores que hacen unos años y conjeturo que por falacias como estas se siguen abriendo librerías. Lo cierto es que lo que no existe, mas allá de lo que digan las encuestas, es un lector crítico, lector que pueda discernir entre textos de calidad y otros destinados al consumo masivo. Sé que los mediadores que otrora se ocupaban de orientar al publican lector han también mutado, dejando como único legitimador al mercado editorial que, como otros tantos mercados, tiene preocupaciones completamente diferentes a las que aquí tratamos. De hecho, es este mercado editorial el que ha instalado el concepto de fungibilidad (reflejado en las mesas de saldo que se renuevan cada vez que los grandes sellos editoriales se descartan de sus materiales).

Ahora bien, ustedes dirán que este diagnóstico es por demás apocalíptico, aduciendo que los lectores se hacen y renacen constantemente y que pueden elegir pese a la evidente coerción mercantilista; pues me temo que no es así.


La libertad que goza cualquier consumidor de bienes culturales es una simple ilusión, un simulacro, puesto que cualquier decisión que tome frente a los anaqueles será la realización de un estereotipo prefijado por el mercado, rector universal de la sociedad de masas.


Cabría preguntarse, entonces, qué es lo que busca el lector-masa al adquirir un determinado libro. De seguro no ya un goce estético, no ya la obtención de nuevos conocimientos. Citando a Adorno: «En lugar de goce aparece el tomar parte y el estar al corriente; en lugar de la comprensión, el aumento del prestigio». Para concluir, agregaré que la lectura crítica que propugno no es sino parte de un perfil difinitivo de hombre, hombre integral que ejercerá un pensamiento también crítico como acto último de libertad, en donde la poesía, lenguaje subversivo por antonomasia, oficiaría sin lugar a dudas de garante.

RUCCI VUELVE por Martín Caparrós


Estoy rotundamente en contra de la pena de muerte: creo que está mal, creo que no sirve para nada de lo que dice servir, creo que es tan humana que es de esas cosas que llamamos inhumanas. No acuerdo con ejecuciones, de cualquier tipo que sean: la muerte de Rucci también me parece un episodio lamentable. Pero me sorprende cómo están transformando a José Ignacio Rucci en un referente de no se sabe qué. Primero fue el libro de Reato, con esas revelaciones que cualquiera podría haber leído, diez o doce años antes, en otros libros –o saber, sin leer nada. Después toda una sucesión de discursos, homenajes, reinvindicaciones del mártir sindical por parte de los gremios oficiales, políticos varios, la señora presidenta. Y, ahora, la aparición de una eventual candidata a diputada, su hija, cuyo mérito mayor es ser su hija y que enarbola, al menor descuido, la imagen de su padre.

José Ignacio Rucci estaba casi olvidado hasta que el retorno K de los setentas lo recuperó. Durante años todo lo que se dijo sobre esos años tenía que ver con la condena de los crímenes del Estado y el recuerdo de sus muertos. Hasta el kirchnerismo, la transformación de los militantes revolucionarios de los setentas en desaparecidos les había dado la inmunidad que tienen las víctimas. Ya no se discutía qué habían querido hacer sino qué les habían hecho: no eran sujetos políticos sino objetos de la barbarie de los militares –y, por lo tanto, nadie tenía derecho a cuestionarlos. El kirchnerismo recuperó, en el discurso, ecos débiles de algunas de sus consignas –pueblo por movilización popular, redistribución de la riqueza por socialismo– y, aunque sólo las usa como slogans baratos, las vuelve a convertir en lo que eran: política, formas de ver y hacer el mundo. Entonces aquellas víctimas intocables se vuelven tocables –se vuelven agentes políticos de nuevo– y se arma la discusión sobre ellos en los términos de cualquier discusión política. Por eso pudo aparecer sobre el tapete otra víctima –que también tiene la legitimidad de la muerte– pero opuesta: el líder sindical del peronismo ortodoxo, que todos habían tratado de olvidar por incómodo, vuelve al tablero. Contra el supuesto montonerismo kirchnerista cierto peronismo recuperó la figura de su mártir, el jefe de la CGT setentista, para oponérsela.

Para eso, por supuesto, tuvieron que modificarlo. El Rucci histórico no sirve para mucho en este momento, y hay que inventarse uno: el demócrata, el pacífico, el honesto, el dirigente probo. En la realidad, José Ignacio Rucci fue uno de los tres grandes representantes –junto con Augusto Vandor y Lorenzo Miguel– de aquello que solían llamar “burocracia sindical”: una forma de conducir a los obreros basada en la colaboración constante con el poder y la intimidación constante a sus propias bases, en los buenos negocios y los grupos de choque.

Así que me puse a buscar en La voluntad, un libro sobre la época, material sobre Rucci y encontré, para empezar, una cita que me atrajo por la profusión de nombres que todavía duran. Era marzo de 1971 y Córdoba estaba a punto de estallar otra vez por protestas sindicales; gobernaba el país el general Levingston pero pronto lo derrocaría su comandante en jefe, el general Lanusse:

“El lunes 8 el ministro de Economía del gobierno, Aldo Ferrer, amenazó con renunciar: su jefe había anunciado el día anterior que el máximo aumento salarial que podría surgir de las negociaciones colectivas sería del 19 por ciento. Ferrer se había comprometido con el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, a conseguirle un 23 por ciento; al día siguiente, Rucci le explicó al secretario de Lanusse, el coronel Cornicelli, que si los líderes sindicales, ‘los mejores aliados que tienen el gobierno y las Fuerzas Armadas’, no podían satisfacer las expectativas de sus bases, corrían el riesgo de que los reemplazaran figuras más radicales y, dijo, ellos y los jefes militares ‘podían terminar frente al mismo paredón de fusilamiento’. Lanusse, preocupado, ordenó a su secretario que se reuniera con el asesor legal de la CGT, Antonio Cafiero, para ver qué solución podían encontrar.”

Los líderes sindicales como Rucci se definían, en plena dictadura militar, como “los mejores aliados que tienen el gobierno y las Fuerzas Armadas” –y siempre lo fueron. Discutían con un señor que entonces trabajaba para los militares y ahora para este gobierno, Aldo Ferrer, y los asesoraba el incombustible don Antonio. Aquellos líderes sindicales no sólo compartían con los militares ciertos objetivos –mantener a raya a las “figuras más radicales”– sino también ciertos métodos.

La burocracia sindical siempre tuvo matones a sueldo: quién mató a Rosendo fue el primer gran relato de esa historia. En 1973 Rucci y Miguel habían organizado un grupo de choque que se llamaba Juventud Sindical Peronista, que produjo –el 9 de junio de 1973– el primer muerto de aquella democracia cuando sus patotas fueron a romper un acto en la plaza Las Heras que recordaba la insurrección del general Valle. Pero eso fue poco al lado de lo que pasó diez días después: el 20 de junio, José Ignacio Rucci fue uno de los cinco responsables de la recepción de Perón en Ezeiza, que terminó con docenas de personas muertas por los organizadores. El jefe de su custodia, el “Negro” Corea, dirigió aquella tarde a los matones que torturaron con picanas eléctricas a varios de sus prisioneros JP en el hotel Internacional del aeropuerto. Dije: torturaron con picanas eléctricas.

Y así de seguido. Unos días más tarde, Rucci movilizó su sindicato para voltear el gobierno –democráticamente elegido– de Héctor Cámpora. Y, en otra clara muestra de su tolerancia, unas semanas más tarde algunos de sus muchachos trataron de quemar Clarín. La historia empezó cuando el ERP-22 de agosto secuestró al apoderado general del diario, Bernardo Sofovich, y lo liberó a cambio de que publicara tres solicitadas en su edición del 10 de septiembre. Ese mismo lunes a la tarde, mientras Sofovich daba una conferencia de prensa en el tercer piso del diario, unos cuarenta hombres, todos con distintivos celeste y blanco y una V en la escarapela, entraron por la calle Piedras y coparon el edificio: lo ametrallaron, destruyeron parte de las instalaciones con granadas, robaron plata de las cajas y trataron de quemar las rotativas. “Vamos a terminar con este reducto de zurdos”, les gritaban a los periodistas y empleados del diario. Una decena de personas recibieron heridas de bala o quemaduras. En su retirada, los asaltantes se tirotearon con unos patrulleros que llegaban. Uno de los atacantes, Lisandro Borjas, quedó herido en las piernas. Mientras la policía se lo llevaba al hospital Rawson, les pidió a los vecinos:

–Avísenles a Rucci, Lorenzo o Rogelio que estoy vivo...

Poco después los montoneros mataron a Rucci, y es injustificable, y dos días después los de Rucci se vengaron matando al montonero Enrique Grynberg, y también. Pero si haber sido muertos por el Estado no hace mejores o peores a los militantes revolucionarios, haber sido muerto por esos militantes no hace mejor o peor a un sindicalista patronal. Ser víctima de un homicidio no cambia nada más que eso: la forma de la muerte. Pero una muerte inesperada, injusta, bien manejada puede hacer maravillas con cualquier biografía. Antonio Cafiero –todavía– dijo el año pasado que Rucci es “un genuino mártir del movimiento sindical argentino” y que “su ejemplo sigue siendo la antorcha que ilumina el camino argentino”.

Es probable que tenga razón. Este Rucci que se inventaron ahora permite que Aníbal Fernández corra a la hija con el fantasma del padre y le diga que “si él la viera con Macri y De Narváez se arrancaría los pelos”. El Rucci histórico, en cambio, el que acordaba con los patrones y se ofrecía a los militares para frenar a los “bichos colorados” y comandaba patotas, explica y justifica que su hija quiera ser candidata de un peronismo hecho a fuerza de empresarios conservadores y millones de dólares, su mejor sucesión.

miércoles 27 de mayo de 2009

Compañero desaparecido

Compañeros,

Gravisima situación.


Datos que tenemos hasta ahora

1) Orlando Argentino Gonzalez, sobreviviente del CCD Arsenal Miguel de Azcuénaga, secuestrado en 1976 en Ranchillos, El Empalme, Tucumán, alrededor de 60 años.

2) denunció al Malevo Ferreyra y a su socio Comisario Francisco Camilo Orse que está preso pero que sigue dirigiendo la patota desde la cárcel. Amenazan y acosa a los testigos y a los abogados

3) de la misma zona y en la misma causa hay 4 desaparecidos, las familias también fueron amenazadas

4) el compañero sufría desde hace una semana un acoso constante, hoy debía declarar en la causa e iba a pedir custodia

5) salio de la casa de la hermana muy temprano en la mañana, se sabe que tomó un taxi/colectivo para ir al juzgado, nuncá llegó

6) Aníbal Fernandez ya sabe, lo busca la federal, la provincial y la gendarmería (serán las mismas 12 brigadas que buscaron a Julio?)

7) Abajo copiamos comunicado enviado a los medios

8) la abogada es Laura Figueroa, también fue amenazada,
Iniciativas ya lanzadas resueltas en la reunión de hoy del EMVJ:

1) Que todos los org. de DDHH participemos mañana del acto de CTA a las 13 hs. frente al gobierno de la ciudad, para denunciar el hecho. Ya contactamos a Fabio Basteiro, a Victor De Gennaro y a Ricardo Peidró. Este último estrá en el acto de Puente Puyerredón y lo denunciará allí. CTA Tucumán lo denuncia también en los actos de mañana.
2) Jueves 12 hs. conferencia de prensa Hotel Bauen,

3) Viernes 17:30, concentración en Obelisco para marchar a la casa de Tucumán, Suipacha al 100

4) Llamados, correos o telefenogramas a Anibal Fernandez y a Randazzo de todas las organizaciones. Correo de Fernandez: <anibalfernandez@infovia.com.ar> De Randazzo: entrar a http://www.mininterior.gov.ar/institucional/form_ministro.asp, Secretario de Derechos Humanos de Tucuman, Daniel Posse 0381155892243

Saludos
AEDD
Por favor, reenviar

martes 26 de mayo de 2009

NI 1° DE MAYO NI REIVINDICACIONES CONCRETAS por Prensa de Frente


Podríamos esperar un artículo así de La Nación o Clarín, pero...


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Envío especial, Día del Trabajador/a-. Último bastión del vandorismo ortodoxo, Hugo Moyano resucitó el jueves uno de los habituales ejercicios de apriete sustentado en una movilización multitudinaria a los que recurría el gran jefe de la burocracia sindical de los 60. No hubo ni homenaje de clase al 1° de mayo ni pelea reivindicativa en la convocatoria sobre la 9 de julio. Ni siquiera el contenido de apoyo contundente a un determinado proyecto político –el del kirchnerismo- en un momento límite o de riesgo. Pero ese ejercicio de apriete para conseguir nuevos espacios de poder corporativo estuvo acompañado por casi 100 mil personas, en su gran mayoría laburantes en blanco y sindicalizados.

Durante el acto, con Moyano como único orador, no se escuchó finalmente el “Hay que estar contra Kirchner para salvar a Kirchner” que algunos anticipaban, como remedo de aquel “Hay que estar contra Perón para salvar a Perón” que sí explicitó Vandor en 1965. Fue el mismo año en el que los caciques sindicales, no precisamente los cuadros más combativos de la clase obrera peronista, llenaron con sus nombres las listas de candidatos de la Unión Popular –el sello usado por un peronismo todavía proscripto- para las elecciones legislativas nacionales y provinciales, tal como Moyano pretendería que suceda hoy en las listas del Frente para la Victoria.

En los pasillos de la CGT se asegura que el apriete a Kirchner ya había surtido efecto incluso antes de iniciado el acto, y que fue por eso que el discurso de Moyano no contuvo el subtexto de advertencia sobre un eventual inicio de cambio de rumbo que se había dejado trascender en los días previos.

Hacía muchos años que una conducción cegetista no se atrevía a convocar a un acto masivo de contenido excluyentemente político. Además de lo aceitado y rígido del control de la cúpula de los mecanismos coercitivos de los aparatos sindicales, algunos primeras y tal vez superficiales lecturas sobre el porqué del consenso logrado por la “audacia” moyanista del 30 de abril hablan de una conjunción de datos:

Uno de ellos es el de la astucia en el uso de la cierta reconstitución de la centralidad de los trabajadores ocupados y sindicalizados en el debate de los grandes rumbos políticos más gruesos, justo en el momento en que esa centralidad vuelve a estar en el punto de quiebre. Un uso que, además, coincide con el cumplimiento más disciplinado por parte de la CGT del rol de contención de la protesta obrera frente a las estrategias oficiales y empresarias que buscan que la crisis sea financianda por los salarios, las condiciones de trabajo y hasta los propios empleos de los trabajadopres.

Otro dato, el de la reaparición de algunos de los tics más viscerales y gorilas de antiobrerismo y antisindicalismo de grande sectores de clase media urbana y rural que tributan supuestamente a los partidos y coaliciones de la oposición de centroderecha de todo pelaje, tics consecuentemente alimentados por el enferentamiento entre el gobierno y las patronales del campo.

Último dato, y fundamental, la debilidad en la que se encuentran todavía las construcciones clasistas en el seno de las bases obreras, destinadas a expresar sus intereses más auténticos y a precisar un proyecto autónomo de clase, y capaces por lo tanto de dar un nuevo sentido a la recuperación de esas bases de sus tradiciones de adhesión y también de repudio